El paso de la dependencia infantil a la autonomía adulta no se da de golpe; requiere un proceso de negociación continuo entre padres e hijos basado en la confianza progresiva:
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El principio de la libertad ganada: La libertad no debe entregarse sin condiciones ni negarse por completo. El equilibrio ideal consiste en otorgar mayores márgenes de autonomía (horarios de salida, gestión del dinero, uso de tecnologías) a medida que el adolescente demuestra responsabilidad en las pequeñas tareas diarias (estudios, tareas del hogar).
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Asunción natural de las consecuencias: Para aprender responsabilidad, el joven debe experimentar las consecuencias reales de sus actos. Si se queda jugando hasta tarde y al día siguiente está cansado para el instituto, los padres no deben justificar su falta; el adolescente debe asumir las consecuencias de su decisión.
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Establecer límites negociados: En lugar de imponer normas rígidas de forma autoritaria, es más efectivo sentarse a debatir las reglas básicas del hogar con el joven. Permitirle opinar y argumentar hace que se comprometa más firmemente a cumplir los pactos establecidos.