La necesidad neurológica de pertenecer a un grupo hace que los adolescentes sean altamente permeables a la influencia de su entorno social:
-
Adopción de conductas de riesgo: Para no ser excluidos o tachados de “cobardes”, muchos jóvenes ceden ante la presión grupal para consumir alcohol, drogas, vapear o participar en actos vandálicos, anulando temporalmente su propio sentido del peligro.
-
Moldeamiento de la identidad: La ropa que usan, la música que escuchan, los creadores de contenido que siguen e incluso la forma de hablar están determinados por lo que el grupo considera aceptable o popular.
-
Presión social positiva: La influencia de los pares no siempre es negativa. Un grupo de amigos con hábitos saludables, interés por el estudio, el deporte o el activismo social puede motivar al adolescente a mejorar y tomar decisiones constructivas.