Las especies animales y vegetales han evolucionado durante miles de años para adaptarse a nichos ecológicos con rangos de temperatura y humedad muy precisos. Las alteraciones del clima rompen este equilibrio de tres formas críticas:
-
Pérdida de sincronización biológica (Desajuste fenológico): El calentamiento global altera los ciclos naturales. Por ejemplo, las plantas florecen antes de que los insectos polinizadores hayan despertado de la hibernación, o las aves migratorias llegan a sus destinos cuando el alimento ya ha escaseado.
-
Desplazamiento y fragmentación de hábitats: Muchas especies se ven obligadas a migrar hacia los polos o a zonas más altas de las montañas buscando el frío que necesitan para sobrevivir. Las especies que no pueden moverse a esa velocidad (como los árboles) o que no tienen rutas de escape (especies insulares) se extinguen.
-
Acidificación y calentamiento de ecosistemas acuáticos: El aumento del dióxido de carbono y el calor destruye los arrecifes de coral (el hogar del 25% de la vida marina) mediante el blanqueamiento, colapsando la cadena alimenticia del océano.