Los satélites meteorológicos son los ojos de la ciencia en el espacio. Su tecnología permite recopilar datos globales imposibles de capturar desde la superficie de la Tierra:
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Satélites Geoestacionarios (Vigilancia fija): Orbitan a unos 36.000 kilómetros de altura a la misma velocidad de rotación que la Tierra, manteniéndose siempre sobre el mismo punto. Son ideales para monitorizar en tiempo real la formación de tormentas, el avance de frentes nubosos y la evolución de huracanes.
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Satélites Polares (Escaneo global): Orbitan a menor altura (unos 850 km) y pasan de polo a polo, escaneando todo el planeta dos veces al día. Sus instrumentos miden con precisión perfiles de temperatura y humedad a diferentes alturas de la atmósfera.
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Sensores infrarrojos y de microondas: Permiten a los meteorólogos “ver” la atmósfera de noche, medir la temperatura de la superficie del mar (clave para anticipar ciclones), calcular la velocidad del viento sobre los océanos y determinar la densidad del vapor de agua, alimentando los superordenadores que calculan los pronósticos del tiempo.