El periodismo ciudadano ocurre cuando los propios testigos de un hecho lo documentan y difunden. Su auge se debe a la desconfianza institucional y a la omnipresencia tecnológica:
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Democratización de las herramientas: Hoy en día, cualquier persona con un teléfono inteligente y conexión a internet tiene una estación de transmisión en su bolsillo, capaz de grabar un abuso de poder, un accidente o una protesta.
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Romper el bloqueo informativo: En países con regímenes autoritarios o censura de prensa, los ciudadanos son los únicos canales capaces de filtrar la realidad hacia el exterior, burlando los controles estatales.
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Autenticidad y frescura: La audiencia valora la crudeza del vídeo sin editar de un testigo directo, percibiendo esa información como más honesta y menos manipulada que la que pasa por el filtro de los grandes intereses corporativos.