Durante la adolescencia, el sueño es un proceso biológico crítico y no negociable. Los jóvenes necesitan entre 8 y 10 horas diarias debido a la intensa actividad interna que ocurre en sus cuerpos:
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Consolidación del aprendizaje y la memoria: Durante la fase de sueño profundo, el cerebro procesa, organiza y almacena la información adquirida durante el día. La falta de sueño destruye directamente el rendimiento académico y la capacidad de concentración.
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Pico de la hormona del crecimiento: Esta hormona se segrega principalmente mientras el adolescente duerme. Un descanso insuficiente puede alterar el correcto desarrollo físico, muscular y óseo del joven.
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Estabilización de la salud mental: El sueño regula el sistema emocional. Dormir poco altera los receptores de dopamina y serotonina, aumentando drásticamente la irritabilidad, la impulsividad y la vulnerabilidad a sufrir crisis de ansiedad o depresión.
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El retraso del ritmo circadiano (Explicación biológica): Es importante saber que los adolescentes sufren un cambio biológico natural que retrasa la segregación de melatonina (la hormona del sueño). Su cuerpo no siente sueño de forma natural hasta altas horas de la noche, lo que choca con los horarios tempranos de los institutos y provoca una deuda de sueño crónica.