El acoso escolar (bullying) no es un simple conflicto entre menores; es una forma de violencia psicológica y física que altera profundamente la estructura emocional de quien la padece:
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Desarrollo de ansiedad y depresión cronificadas: Las víctimas viven en un estado constante de alerta e indefensión. El miedo a ir a clase se transforma con frecuencia en trastornos de pánico, fobia social y cuadros depresivos que pueden durar hasta la edad adulta.
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Destrucción de la autoestima y autodesprecio: El adolescente acosado interioriza los insultos y humillaciones del entorno, llegando a creer que el maltrato es culpa suya o que no tiene ningún valor como persona.
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Aislamiento social involuntario: Por miedo al rechazo o a sufrir más agresiones, el joven tiende a retirarse del entorno social, perdiendo la oportunidad de desarrollar habilidades de relación vitales para su futuro.
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Sintomatología psicosomática: El sufrimiento emocional se manifiesta físicamente en forma de dolores crónicos de estómago, migrañas, trastornos del sueño (insomnio o pesadillas) y bajada de las defensas inmunológicas.