Los creadores de contenido digital han desplazado a los canales tradicionales como principales prescriptores de opinión, especialmente entre las generaciones más jóvenes:
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Conexión por empatía y cercanía: A diferencia de un presentador de noticias formal, el influencer habla de tú a tú a su audiencia. Esta aparente autenticidad genera una confianza ciega, haciendo que sus opiniones políticas o sociales se adopten con facilidad.
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Falta de filtros editoriales: Un periodista profesional responde ante un código deontológico y un equipo editorial. Un influencer, por lo general, expresa opiniones o datos sin el proceso de verificación y contraste que exige el rigor informativo.
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Monetización de la ideología: Muchas marcas y partidos políticos contratan encubiertamente a estos creadores para moldear corrientes de opinión, camuflando propaganda política o comercial como si fuera una recomendación personal y orgánica.